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A medida que el otoño da paso al invierno y los días se acortan, nuestro cuerpo busca de forma natural descanso y reparación.
Sin embargo, para millones de personas, lograr un sueño verdaderamente reparador sigue siendo un desafío.
Más allá del cansancio, dormir mal influye silenciosamente en nuestra salud, en el equilibrio hormonal e incluso en nuestra futura longevidad.
En SHA, comprendemos que entender y optimizar el sueño es uno de los pilares de la medicina preventiva.
Si su descanso resulta poco reparador o se interrumpe con frecuencia, consultar a un especialista es esencial.
Una de las causas más comunes —y a menudo ignorada— es la apnea obstructiva del sueño (AOS), una alteración en la que la respiración se detiene repetidamente durante la noche.
Cada pausa, que puede tener una duración de diez segundos o más, activa el cerebro para despertar levemente el cuerpo y reanudar la respiración.
Aunque estos microdespertares rara vez se recuerdan, interrumpen el descanso e impiden alcanzar las fases profundas del sueño.
La magnitud del problema es enorme. Según The Lancet (2019), más de 936 millones de adultos en el mundo podrían padecer AOS, y el 85% aún no ha sido diagnosticado.
Las consecuencias van más allá del sueño: la apnea no tratada aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, alteraciones metabólicas, deterioro cognitivo e incluso accidentes por somnolencia diurna.
La detección temprana y un tratamiento personalizado pueden transformar profundamente su salud y su calidad de vida.
En el sueño, como en la longevidad, la conciencia es siempre el primer paso hacia la prevención.
La apnea obstructiva del sueño está notablemente infradiagnosticada en mujeres, principalmente porque sus síntomas difieren de los que se observan en los hombres.
Mientras que en ellos suele manifestarse con ronquidos fuertes, pausas visibles en la respiración o somnolencia intensa, las mujeres presentan señales más sutiles:
dificultad para conciliar o mantener el sueño, fatiga crónica, cefaleas matutinas, cambios de humor o palpitaciones.
Estos síntomas se confunden con frecuencia con estrés, ansiedad o cambios hormonales propios de la menopausia, lo que retrasa su diagnóstico.
Las hormonas desempeñan un papel clave: antes de la menopausia, la progesterona ayuda a mantener el tono de las vías respiratorias y la estabilidad respiratoria.
Al disminuir sus niveles, el riesgo de apnea aumenta considerablemente y los síntomas se intensifican.
Reconocer estos patrones específicos por género es fundamental.
Las mujeres que experimenten estos signos —aunque no presenten los síntomas “clásicos”— deberían buscar una valoración experta.
Tomar conciencia puede ser determinante para su salud y bienestar.
Alcanzar un sueño verdaderamente restaurador requiere tanto comprensión científica como hábitos conscientes.
La investigación demuestra que los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño cada noche para funcionar de forma óptima, aunque más del 70% no lo consigue.
Las siguientes prácticas, respaldadas por la ciencia, representan las claves fundamentales para optimizar su descanso.
Con el tiempo, estos pequeños ajustes constantes mejoran de forma notable la calidad del sueño, el equilibrio hormonal, la función cognitiva y la vitalidad general.
El ronquido afecta aproximadamente al 40% de los hombres y al 24% de las mujeres. Aunque muchas veces se considera inofensivo, puede ser un indicador de obstrucción respiratoria o de una mala calidad del sueño.
El ronquido no solo reduce el flujo de oxígeno y fragmenta el descanso, sino que también puede ser un signo de apnea del sueño, especialmente cuando se acompaña de fatiga diurna o pausas respiratorias observadas.
Las consecuencias no afectan solo al individuo: las parejas de quienes roncan habitualmente también sufren falta de sueño, cansancio e irritabilidad, lo que repercute en la relación y el bienestar compartido.
La medicina del sueño moderna ofrece soluciones eficaces.
Entre las más destacadas se encuentra el dispositivo de avance mandibular, un aparato oral personalizado que adelanta ligeramente la mandíbula inferior para mantener la vía aérea abierta.
Ha demostrado una alta eficacia para el ronquido y la apnea leve o moderada, especialmente en quienes no toleran el tratamiento con CPAP.
Abordar el ronquido va mucho más allá del confort: protege la salud a largo plazo, —eleva el bienestar y la armonía —para usted y para quien comparte su descanso—.
El sueño no es un estado pasivo: es un proceso activo y reparador, la base sobre la que se construye la longevidad física, mental y emocional.
Los trastornos del sueño no tratados, como la apnea, erosionan silenciosamente esa base, mientras que una intervención temprana y guiada por la evidencia puede reconstruirla.
En SHA, creemos que el sueño reparador es el verdadero punto de partida del bienestar: el momento en que el cuerpo se regenera, la mente se equilibra y el proceso de longevidad se renueva cada noche.
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